Las barreras lingüísticas i culturales
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Las barreras lingüísticas i culturales

“Las enfermeras y las comadronas quizás pensaban que yo no las iba a entender. No me han comunicado mucho. Mucho no, casi nada”. Layla, pakistaní.

Foto: Sergiu Vălenaș | unsplash.com/@svalenas

A menudo el verdadero obstáculo para una comunicación eficaz entre profesionales de la sanidad y usuarias que provienen de otro país no es la falta de un idioma en común, sino la proyección de una visión estereotipada de las usuarias por parte del personal sanitario.
Yasmine, por ejemplo, explica que simplemente por el hecho de llevar un pañuelo y tener rasgos árabes, la gente da por sentado que es marroquí – es argelina – y que trabaja en la limpieza – es profesora de inglés -. Durante su primer embarazo y parto tuvo la sensación de que las personas que la atendieron no intentaron dialogar con ella porque suponían que no les entendería.

 

La barrera lingüística entre profesionales y mujeres perjudica la calidad del trato proporcionado por las primeras hacia las segundas. Está claro que si en el CAP o en el hospital donde una mujer se visita no existe un servicio de traducción y/o de mediación cultural, ella no podrá ser adecuadamente informada sobre el proceso que está viviendo ni sobre sus derechos; tampoco podrá estar adecuadamente preparada para la experiencia del parto.

 

En la muestra de nuestro proyecto varias mujeres tuvieron dificultades de comunicación lingüística con el personal sanitario. Se trata de las mujeres que llevaban pocos meses en Barcelona en el momento de su embarazo, o que, aunque llevasen más de un año en la ciudad no habían alcanzado un buen nivel de castellano o catalán, debido a factores como la responsabilidad del trabajo doméstico y de la crianza de los hijos, la fragilidad de la red social en el país de acogida y la dificultad para encontrar trabajo.

 

La falta de un servicio de traducción en los CAPs y hospitales no sólo dificulta el acceso de las gestantes a información relevante acerca de su condición y proceso, sino que a menudo hace que experimenten situaciones incómodas. Esto se debe al hecho de tener que compartir temas íntimos con sus acompañantes que tratan de ejercer como traductores.

 

Layla, por ejemplo, explica haber sentido “una vergüenza de muerte” cuando acudía a las visitas preparto con su cuñado – su marido no podía acompañarla a causa de horarios de trabajo incompatibles -. Las comadronas les hacían preguntas sobre temas que, en su país, Pakistán, se hablarían sólo entre mujeres o con el marido.

 

Los acompañantes de las mujeres gestantes, dependiendo de su sexo, edad y cultura, también pueden sentirse muy incómodos haciendo de traductores; además, es difícil que conozcan las palabras técnicas utilizadas en las preguntas. El resultado es que estos diálogos son a menudo confusos y embarazosos para todas las personas implicadas.

 

Mientras algunas mujeres han percibido un trato humano y cálido por parte de las y los profesionales durante su embarazo, otras se han confrontado con actitudes distantes o bruscas. Respecto a esto, comparando las experiencias de las mujeres de procedencia latina con las experiencias de las mujeres del grupo de mujeres marroquís y pakistanís podemos observar una mayor ocurrencia de experiencias negativas en el segundo grupo. Entre las mujeres latinas y el personal sanitario local existe una diferencia cultural pero no lingüística, mientras que, con las mujeres marroquís y pakistanís además de la lingüística, hay una diferencia cultural más profunda.

Considerando el pequeño número de nuestra muestra, no podemos sacar conclusiones que relacionen el origen de las mujeres con el tipo de trato recibido, pero sí resaltar de las observaciones que mientras ninguna de las mujeres de procedencia latina se ha sentido discriminada o faltada al respeto por su origen, varias mujeres marroquís y pakistanís sí lo han sentido. Podemos suponer que esto se debe a la dificultad relacional que se genera entre profesionales y usuarias cuando la diferencia entre los modelos culturales es elevada. Creemos que cierta actitud islamofóbica, que ha empezado a difundirse en Occidente a partir de los atentados a los Torres Gemelas del 2001, condiciona la manera en la que parte del personal sanitario se relaciona con las mujeres de Marruecos y de Pakistán, ya que son países de mayoría musulmana.

Normalmente los acompañantes son personas adultas que pertenecen al entorno familiar de la mujer, pero no siempre es así. A veces son acompañadas por familiares menores de edad o por personas con las que no tienen una relación de sangre.

 

"Sentía una vergüenza de muerte cuando acudía a las visitas preparto con mi cuñado – mi marido no podía acompañarme a causa de horarios de trabajo-. Las comadronas me hacían preguntas sobre temas que en mi país, se hablarían sólo entre mujeres o con el marido.". Layla, Pakistán.

Foto: Rio Syhputra |  unsplash.com/@lingkarphoto